El estatuto de auto-empresario fue introducido por la ley francesa para consolidar la figura del empresario individual bajo un marco simplificado. Desde su creación, ha permitido que personas sin formación contable puedan desarrollar actividades comerciales, industriales o de servicios cumpliendo obligaciones transparentes.
El concepto se vincula con la noción de microempresa: se aplica exclusivamente a quienes no superen determinados techos de facturación y cuya actividad no requiera estructuras corporativas complejas. En Francia este modelo es ampliamente reconocido tanto por administradores públicos como por asesores fiscales.